5 de mayo de 2007

Los sentimientos de María

Todos tenemos un plan marcado por Dios, para llevarlo a feliz cumplimiento.

En cierta ocasión, un aprendiz de arquitectura, fue convocado por un responsable de la profesión. Cuando llegó hasta el despacho, su jefe le dijo: "aquí tienes; este proyecto, lo tendrás que llevar a cabo en los próximos años" ¿En los próximos años -suspiró el alumno-? Sí, le contestó el profesor; este proyecto que te entrego es ambicioso y te llevará toda una vida. Si lo consigues, no te faltará ni felicidad interna ni bien material externo.

María, también pensaría para sus adentros que Dios, estaba loco. Que aquello era irrealizable. Pero, Ella, se fió.

A simple vista no estaba preparada, pero por delante, le quedaba toda una vida para llevar a cabo dos proyectos pensados para Ella: ser Madre de Dios y Madre de Cristo.

María no se dejó llevar por sus sentimientos. Se fió de Dios. Se puso a su disposición y, sobre todo, creyó en su Palabra.

María quiso, libremente por la fe, engancharse al tren de Dios y, con sus sentimientos de gratitud, de emoción y de alegría, encarriló con más entusiasmo todavía lo que Dios le anunció por el Angel.

¿Qué puede en nosotros? ¿La fe o los simples sentimientos?

¿Nos dejamos llevar, como María, por el tren de la gracia de Dios?

¿Qué es más fuerte? ¿Dios o los interrogantes que nos asedian?

Una flor, muy singular, podemos ofrecer en estas horas a María: que prevalezca Dios sobre nuestros sentimientos de decepción o deserción.


DAME, TUS SENTIMIENTOS, MARIA

Para que mi fe, sea más fuerte que mis pensamientos

Para que mis dudas, no se impongan a la fe

Para que mi fuerza, no se resista a la invitación de Dios

DAME, TUS SENTIMIENTOS, MARIA

Para que no me conforme con los mínimos

Para que no me embargue el pesimismo

Para que, lejos de decir "no" siempre diga "sí"

DAME, TUS SENTIMIENTOS, MARIA

Para que, la alegría, me anime en el seguimiento a Jesús

Para que, la esperanza, me ayude a seguir hacia adelante

Para que, la gratitud, sea consecuencia de dejarme llevar por Dios

¿Cómo lo hiciste, María?

¿Cómo pudo más Dios que la debilidad para responderle?

¿Cómo venció el ángel y no tus dudas?

Sólo, María, la fe y la esperanza

te hicieron dejar, en segundo plano,

los sentimientos de temor o de temblor

que asomaron en un primero momento.

¿O no fue así?

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