2 de mayo de 2007

Día 2: Los ojos de María

¡Ojos que no ven, corazón que no siente!, dice el viejo refrán.

En María, esto no se cumplió. Vivió siempre con los ojos puestos en los planes que Dios tenía preparado para Ella.

En Nazaret, con sus pupilas dilatadas, dijo que "sí". Que, estaba dispuesta, como un cheque en blanco para que Dios firmase cuando quisiera y como quisiera.

En el crecimiento de Jesús, abrió bien los ojos para que, Jesús, anduviese por los caminos que conducían a Dios.

En el final de la vida de Jesús, aún con lágrimas, nunca el sollozo se antepuso a la altura con la que, María, encaró y vivió la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo.

Y es que, María, abrió los ojos para Dios y, además, le brindó todo su corazón. ¿Se puede esperar más por parte de Dios? ¿Pudo dar más una humilde nazarena que a sí misma?

¿Detrás de que corren nuestras miradas?

¿Vemos la profundidad de las cosas y de los acontecimientos o nos quedamos en la superficialidad?

¿Somos solidarios cuando contemplamos causas injustas que hacen sufrir?

Presentamos, ante María, unas gafas. Que Dios nos ayude a no perderle de vista.




TUS OJOS, MARIA

Son grandes, porque quedaron embelesados

por el anuncio del Angel

Están limpios, por las lágrimas de emoción

en el Nacimiento de Cristo

Son risueños, por la juventud y la hermosura

de Aquella que los lleva

Son inquietos, porque nunca se cansan de mirar al Hijo

Están sanos, porque siempre miraron

en la dirección adecuada

No tienen tensión, porque saben cerrarse

ante Aquel que es descanso

No tienen brizna alguna,

porque Dios los cuida con amor de Padre

No están ciegos porque, al pie de la cruz,

los mantuviste despiertos

No son insensibles, porque desde la cruz,

Jesús los llamó a ver a los hombres como a sus hijos

No parpadean porque, ante la situación del mundo,

saben que han de estar bien abiertos

No huyen, porque ante el mal tiempo,

han de ayudar a los demás a descubrir el horizonte

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