22 de mayo de 2007

El niño de María


En cierta ocasión un explorador de tesoros llevaba consigo a un grupo de alumnos. Cuando llegaron a lo más alto de una colina, y guiados por el maestro, se pusieron a excavar en busca de un pequeño tesoro.

Después de varias jornadas, con trabajo y fatiga, dieron con un gran cofre de un valor incalculable y ante el que los alumnos, hicieron gran alboroto: lo sacaron, lo limpiaron y se quedaron admirándolo. El explorador no se encontraba, en ese momento, en el campamento.

Cuando llegó, les preguntó: ¿Por qué os quedáis contemplando el baul? ¿Por qué tanta vuelta y tantos gritos? ¿No os dais cuenta que, el tesoro auténtico está dentro? Y, ayudados por el explorador, abrieron el cofre. En su interior había una perla gigantesca y de gran valor.

*Nosotros somos esos alumnos. Venimos, en este mes de mayo, para explorar las minas de Santa María.

*No podemos conformarnos con contemplarla por fuera.

*No es suficiente hacer fiesta en torno a la Madre y no ir mas al fondo.

¿Qué tiene María en sus brazos? ¿Qué gime en el seno de María? ¿Qué tesoro encierra cada advocación mariana? ¿Qué encierra el cofre -cerrado y abierto a la vez- del corazón de la Virgen María? ¡El Niño! ¡El gran tesoro de Dios que es el Niño!

Dios puso a María como un cofre en medio de la gran colina del mundo, para que, después de nueve meses y al abrirse en Belén, el mundo se enriqueciera con el don de la paz y del amor, con el oro de la humanidad de Dios y la plata de su sonrisa.

Sí, amigos; María es esa caja siempre llena de sorpresas que nos ayuda a revitalizar nuestra fe en Jesús muerto y resucitado.

No nos conformemos con dar vueltas en torno a la Virgen, con dejar unas flores a los pies de su imagen, con unos piropos más o menos acompasados y entonados. Eso, sería poco y superficial.

El mayor y mejor homenaje que podemos hacer a nuestra Virgen (Patrona, etc.,) es descubrir el tesoro que lleva en sus manos, que contiene su corazón, que hace grande sus entrañas: JESUCRISTO.

Ella, como buena exploradora y ayudando a la Iglesia, nos ayudará a descubrirlo.

Dejamos ante el altar, representando estos sentimientos, una piqueta. Que María nos ayude a descubrir la presencia del Señor.

Quisiera ser un ángel,

para pregonar la presencia del Niño en Belén.

Quisiera ser pastor,

y tener el privilegio de adorar al Señor

Quisiera ser, una y otra vez, pastor

para sentirme rico y ofrecer lo poco que tengo

al que es, tanto y tan poco, en Belén.

Quisiera ser Rey Mago,

y dejar los reinos de mi seguridad

llevando oro para Aquel que es Rey

incienso para Aquel que es Dios

y mirra para Aquel que es hombre.

Quisiera ser Rey Mago

para mirando a María

no marcharme sin mirar al Hijo de Dios.

Quisiera ser estrella

y alumbrar a los hombres al encuentro con Jesús

Quisiera ser buey y mula

y ofrecer, a todo el que lo necesite,

el mismo calor que a Cristo quiero dar.

Quisiera ser José

para, con mano firme y sólida,

no perder al Dios Enmanuel.

Quisiera ser portal,

para que, hoy y mañana,

el año que viene y siempre

Dios se dignase nacer en mí.

Quisiera ser cuna de Jesús

para, como María, tener su mismo privilegio:

mirarle, contemplarle, cuidarle

y hacerle el centro de mi vida.

Amén

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